No puedo evitar
ver aviones en llamas,
buscar recortes de periódicos
para completar la pierna
de mi superhéroe favorito.
Un poco de grasa, sí, a los zapatos,
media tormenta para encontrar mis lentes,
mi granjita en Polaroid.
No bien empieza el otoño
y mis trucos de magia
sólo son posibles a manera de cartas:
alud de conejos,
arco de perlas,
tigres de Bengala,
murciélagos como timbres postales.
Y tu aliento
con sus balsas de menta
o confiterías,
o mis manos pegadas
a mis orejas para escuchar
como se rompen con suavidad
las constelaciones de tus pestañas.
¿Por qué esta insistente
necesidad de retar al corazón
a las canicas?
Y llorar, un poco,
porque no aparezco
pterodáctilos en la chistera.