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lunes 10 de septiembre del 2007
El libro de Fritz Glockner sobre la guerrilla en México
Yadira Llaven     / 

Será presentado el 15 de septiembre por Montemayor y Rascón, en el DF

“No pudo haber existido un 1968, sin un 58, ni un 43, con la lucha de Rubén Jaramillo y los gremios sindicales”, aseguró

El escritor comentó sobre su reciente libro Memoria roja, historia de la guerrilla en México 1943-1968


El escritor Fritz Glockner resucita la tragedia de los desaparecidos de una de las épocas más oscuras de la historia mexicana, la “Guerra de baja intensidad”, mal llamada “Guerra Sucia”, en su reciente libro Memoria roja (Ediciones B). Un proyecto eternamente acariciado al que calificó como “largo y tortuoso”, pues es una obra basada en los documentos que encontró en los archivos de la antigua Dirección Federal de Seguridad de México, en donde se escondieron fichas de torturados, muertos y desaparecidos, que tuvieron como escenario la cárcel de Lecumberri, hoy sede del nuevo Archivo General de la Nación, y entre ellas, la de su padre, el guerrillero Napoleón Glockner.

Memoria roja, historia de la guerrilla en México 1943-1968, es resultado de un largo proceso de investigación, durante 25 años, en el que Glockner fue pepenado todo tipo de fuentes bibliográficas, hemerográficas, anotaciones, entrevistas -más de 180-, archivos particulares, periódicos clandestinos, y que hasta en 2002, tuvo la oportunidad de cotejar la documentación con la versión policíaca de los hechos, cuando se hizo público el archivo de la Dirección Federal de Seguridad, que estuvo dirigida por Fernando Gutiérrez Barrios.

En entrevista con La Jornada de Oriente, el periodista, escritor e historiador, charla amenamente con este medio y adelanta parte de su obra, llevada a la imprenta el pasado 20 de agosto, y que saldrá a la luz pública a partir del 15 de septiembre, en la Feria Nacional del Libro del INAH, donde será presentado por Carlos Montemayor y Marcos Rascón, a las 17 horas, en el Auditorio Fray Bernardino de Sahún del Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

- ¿Cómo logras resumir la historia de la guerrilla en México?, se le preguntó.

-De pronto tenía 500 cuartillas escritas y me faltaban unas 700, la llevé a la editorial (Ediciones B), y fui de departamento en departamento convenciéndolos que publicar un solo libro de la guerrilla iba a ser una texto que reducirá la capacidad lectora, (por su enorme volumen); y de ahí se tomó la sabia decisión de no publicar un libro, sino dos diferentes, con principio y fin, de la guerrilla mexicana, el primero que abarca el periodo de 1943 a 1968; y el segundo, bajo el título Los años heridos, que trabajaré en 2008, será de 1969 al 2001.

Durante la plática, Glockner recalcó en la importancia de separar una publicación de otra, pues explicó que ambas son historias con principio y fin, con periodos históricos diferentes, “no son tomos, ni se lee el primero para entender al segundo”.

“Es una historia a la que me dediqué los últimos 25 años de mi existencia, perdidos en una investigación exhaustiva de consultar todas las fuentes disponibles, aunque en ese tiempo no tenía los documentos de la Dirección Federal de Seguridad; sin embargo, a partir de la apertura de sus archivos empezaron a proliferar, como hongos en temporada de lluvia, muchos seudohistoriadores, investigadores y especialista del tema, quienes se pararon el cuello con la única versión policíaca, incluso Julio Scherer García con su famoso libro Los patriotas, tuvo errores garrafales en su obra como decir que Lucio Cabañas murió el 2 de noviembre cuando ocurrió el 2 de diciembre”.

“Fueron 25 años de estar amasando la historia, en los cuales me puedo jactar que no recibí apoyo de ninguna institución educativa, de ningún tipo de beca, de ningún partido político, de ninguna ONG –Organización No Gubernamental-, de ninguna fundación… lo que me permite ser dueño de la interpretación histórica y de la memoria como tal, no como otros historiadores o periodistas cuyas versiones y apreciaciones, por desgracia, están influencias por el que paga, como sucedió con Sergio Aguayo, en La Charola, al escribir historia del CISEN”.

Por lo anterior, comparó a quienes “han manoseado la historia” con casos peores y los llamó “torturadores de la historia, pues están haciendo tanto daño o más como cuando en los años 70 la Dirección Federal de Seguridad, Gutiérrez Barrios, torturaban a los detenidos políticos. Hoy se ha vuelto una práctica común, el torturar la memoria y la historia para desinformar, para plantear versiones Light de los hechos de aquellos años”.

Para contrarrestar la imperante desinformación, dijo, “Memoria roja es un recurso para rescatar las viejas luchas desde Rubén Jaramillo, en 1943, cuando se levanta en armas en Morelos, en contra de los administradores de un ingenio azucarero… y recorro toda la década de los 50 con las protestas sindicales y gremiales del movimiento ferrocarrilero y, evidentemente, del magisterio y los estudiantiles, ya que no pudo haber un 68, sin un 58, y este no habría sido posible sin un 48, con una efervescencia sindical también muy fuerte, y el movimiento campesino como el de Rubén Jaramillo que empieza en el 43”.

Y cuestionó fuertemente que en septiembre de 1968, “el ejército nacional se cubre de gloria y toma Ciudad Universitaria, lo que provocó la gran catarsis en este país, pero se les olvida que 10 años antes el ejército ya había tomado las instalaciones del Instituto Politécnico Nacional (IPN), y ahí nadie gritó, ni protestó, por qué hasta que se tomó la UNAM hubo protesta colectiva, porque el IPN está dirigido a las capas socialmente inferiores, no a la clase media alta como la UNAM, y no solamente eso, en 1963, también el ejército irrumpe en la Universidad Nicolaíta, en Michoacán, y tampoco pasó nada”.

“Por eso Memoria roja rescata esa parte de la historia de la propia izquierda, en efecto el 68 sigue siendo un momento histórico muy importante en nuestro país, pero no hubiera existido un 68, sino hubiera existido un 58 con los ferrocarrileros, con los petroleros, con el magisterio, un 64 con los médicos, no hubiera existido sin el Movimiento de Liberación Nacional, no hubiera existido sin las luchas estudiantiles en Puebla, Guerrero, Michoacán y Sinaloa”.


El asalto al Cuartel Madero, la primera irrupción guerrillera en México


El autor de Veinte de cobre, explicó que los primeros movimientos armados se dan con Rubén Jaramillo, le sigue, en 1961, en Chihuahua, Pablo Gómez y Arturo Gamiz, quienes disputan el control estricto que tienen los caciques sobre las pocas tierras fértiles del estado, “lo que genera que en 1965 organicen el grupo popular guerrillero, quienes intentando rememorar el asalto al Cuartel Moncada, en Cuba, asaltan el famoso Cuartel en Madero, el día 23 de septiembre de ese mismo año, considerada la primera irrupción de una guerrilla ideologizada, en el país, porque antes con Jaramillo se había circunscrito a lo que era la demanda por la tierra, aunque tenía un plan de acción, el de Cerro Prieto, una paráfrasis del Plan de Ayala de –Emiliano- Zapata”.


No pude entrevistar a Gutiérrez Barrios, porque no había lavado mi indignación histórica


A la interrogante de, qué obstáculos se tuvieron que librar para la acceder a la información, respondió tajantemente: “fueron sorteables… la única que no pude librar es haber tenido cita para entrevistar a Gutiérrez Barrios, sin haber acudido, por que no había lavado mi indignación histórica, frente a ese torturador”, y aclaró, “no es que me haya dado miedo, lo que pasa es que mis vísceras no se encontraban en la ubicación del raciocinio profesional como para poder enfrentar con una grabadora al que evidentemente, tengo conocimiento, que torturó y mató a mi padre”.

“Si tuve la objetividad histórica para estar cuatro horas con Luis Echeverría Álvarez, en su casa de San Jerónimo, quien fue el asesino intelectual de mi padre. Fue una sesión, en 1997, el y yo solitos, fue un sábado de 12:00 a 4 de la tarde, me invitó a comer camarones, me presumió su casa, su biblioteca, sus logros durante su administración, pero no tuve esa frialdad con Gutiérrez Barrios”.

Y sobre la objetividad de los testimonios, argumentó, “después de 25 años, vas aprendiendo a interrogar y preguntar lo que tú quieres que te contesten, pero la gente no quería hablar hasta después del 94, con el EZLN, cuando ya todos se creen guerrilleros y se cuelgan las medallas. En el 84 nadie quería hablar, porque los fantasmas estaban ahí, pero tuve el apoyo por ser hijo de un guerrillero, Napoleón Glockner, y de alguna manera compartes la propia historia, pero tienes que aprender a tamizar la información para que no te deslumbres con los primeros testimonios, sino vales madre. Fue un reto”.

Aclaró que su libro, “no es literatura, no estoy jugando a la ficción, aquí estoy plateando datos concretos con personajes narrativos, porque me gustó darle cuerpo, cara, pensamiento y sentimiento a Rubén Jaramillo, a Lucio Cabañas, a Genaro Vázquez, a Arturo Gamíz, a Pablo Gómez, pues tampoco quería que fuera libro académica para que me leyera el circuito cerradito de los seudos, quiero que sea un libro de difusión y divulgación que recupere la memoria. Es la versión no oficial de los movimientos sociales en nuestro país, porque incluso contó con la complicidad de la izquierda institucional para no divulgar estos detalles, en donde el Partido Comunista jugó un papel pinchón”.

Por último, aseveró, “la guerrilla siempre ha existido en México, en la actualidad existe 19 grupos armados, aunque tratan de negarlo, siempre han estado ahí, aguas, porque lo peor que se puede hacer es tratarlos con ignorancia”.


   

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