sábado 18 de marzo del 2006 Chiapas, guerra inconclusa z /
Chiapas sigue siendo no solo una zona de conflicto sino una zona de guerra, donde ésta ha pasado a otra etapa: de la desmilitarización a la paramilitarización, aseguró Onésimo Hidalgo, miembro del Centro de Investigaciones, Económicas y Políticas (CIEPAC).
Entrevistado en el aeropuerto de esta ciudad, horas antes de viajar al Distrito Federal donde presentará su más reciente investigación plasmada en el libro “Tras los pasos de una Guerra Inconclusa: 12 años de militarización en Chiapas”, Hidalgo expuso una radiografía que lo que documentó durantes los últimos cuatros años.
Su análisis y valoración del escenario que se vive en Chiapas, llegó justo hoy al hacerse públicas las declaraciones del Secretario de Gobernación, Carlos María Abascal quien dijo que Chiapas ya no era una zona de conflicto, y que el Ejército se había dejado de vigilar las zonas influencia zapatista y que había total libre tránsito en la zona.
Explica Hidalgo que si bien Chiapas ha habido un repliegue del Ejército Mexicano en más de 45 posiciones militares desde la llegada del presidente Vicente Fox, eso no quiere decir que la presencia castrense haya disminuido al contrario esta ha avanzado de forma disfrazada, han tejido redes de control de organizaciones e información, a través de supuestos compradores de café o ganado incursionan para inspeccionar; en estos 12 años se han casado con mujeres indígenas para poder mezclarse en la población.
“La guerra en Chiapas sigue su cursos y con un desenlace que podría ser fatal en el futuro”, advierte Hidalgo miembro de una de las organizaciones no gubernamentales que realizan mucho trabajo de campo en las comunidades de la zona de conflicto armado.
Onésimo Hidalgo parafrasea a Claus Von Clausewitz, autor del libro Arte y Ciencia de la Guerra, quien señala que la guerra es la continuación de la política por otros medios, él acomoda la cita a nivel local y refiere: “aquí en Chiapas la guerra es la continuación de la misma guerra pero con otra máscara”.
Explica que en Chiapas la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) ha ido del repliegue del Ejército a la continuación de la guerra con una estrategia que durante largos años maduraron, esta guerra es más sutil, más letales finalmente por que van a destruir de raíz cualquier intento de rebeldía
“La estrategia de contrainsurgencia que actualmente opera el gobierno federal en contra del EZLN se da a través de diversas operaciones de contención a través de grupos paramilitares, algunos de creación más reciente a los que tradicionalmente se conocía, cuyo objetivo es confrontar y dividir a las comunidades”, dice el analista.
Precisa que ve una persistente militarización que maniobra ya no con los grandes campamentos militares, sino con tácticas focalizadas
Hidalgo define en su libro tres grandes estrategias. Una es la de Yunque y Martillo que se aplica en la selva. Detalla que en la estrategia del Yunque están todos los campamentos militares que se ubican desde la comunidad Medellín del municipio de Palenque, hasta la región de Maravilla Tenejapa. El martillo serían las fuerzas de intervención rápida que están en Tabasco, y las de la base militar de Toniná, son las dos que hacen las ofensivas militares hacia adentro como patrullajes, sobrevuelos.
Señala que hay otra zona de despeje militar que si se han retirado desde el 2001, se trata de los campamentos militares de Chanal y Ocosingo y otras. Pero es ahí donde aparece el narcotráfico, el robo de autos, las operaciones de los grupos de delincuencia organizada. Se contamina el territorio zapatista involucrando a personas de las comunidades –que no simpatizan con el grupo insurgente- en estas actividades.
Explica que otra segunda estrategia se denomina “Operación de Tijera” que se aplica contra las regiones sedes de los municipios autónomos. Ahí los campamentos ubicados desde Simojovel, pasando por el Bosque, San Cayetano hasta llegar a San Cristóbal, es una pieza de la tijera. La otra es la de los campamentos de los Altos, como Pantelhó y Chenalhó. Así Oventic, la comandancia zapatista de los Altos, queda en medio.
La tercera es la llamada “Operación Centinela”, que es una estrategia de contención militar establecido desde la región de Maravilla Tenejapa, corre por la sierra, costa hasta juntarse con el centro del país. Ahí en los últimos años se han establecido 11 retenes permanentes, bajo el argumento de la que la zona está invadida por el narcotráfico, tráfico de humanos, terroristas y Salvatruchas.
Expuso que si bien Fox ordenó el retiro de 43 campamentos militares el 2001, “hay un regreso de los militares, pero ahora vestidos de civil, operan en el marco de la estrategia de inteligencia militar a través de la observación de las actividades de las familias zapatistas , y el establecimiento de una red de vínculos con las familias que no lo son. Hay vacíos que va dejando el ejército pero los cubren otros cuerpos policíacos más discretos, algunas veces policías militares disfrazados.
Dice que el retiro de los campamentos militares obedece a que han avanzado en la construcción de una nueva estrategia paramilitar. Ellos siguen actuando y ahí están.
Señala que si bien se descabezaron algunos grupos militares como Paz y Justicia, estos en Chiapas no han desaparecido pues nunca hubo un armisticio para que entregaran las armas, siempre han estado acá y ahora en un estado de “recomposición”.
Dijo que la par que de debilitaron algunos grupos paramilitares en Chiapas el gobierno federal a través de sus programas de apoyo al campo han fortalecido a otros grupos contrainsurgentes como la Organización para la Defensa de los Derechos Indígenas y Campesinas (OPDDIC) que encabeza el exdiputado local priísta, Pedro Chulín.
“Este grupo, por ejemplo en Ocosingo, ha logrado confrontar a comunidades zapatistas de Ocosingo y Altamirano, a través de la pelea por la tenencia de la tierra. Se está metiendo a través de un aparente discurso de izquierda, que señala que no están contra los zapatistas, se presentan como hermanos del EZLN, dicen que defienden los acuerdos de San Andrés y los derechos y cultura indígena”, dice Hidalgo.
Señala que en la práctica se han enfrentado por la vía armada contra zapatistas de los municipios autónomos Ricardo Flores Magón, Olga Isabel y otros poblados. Además de que han hecho intentos de penetrar en grupos tradicionalistas de la Iglesia Católica, incluso buscan espacios dentro de la Diócesis de San Cristóbal.
Advierte que en ese marco, el EZLN puede ser atacado en estos lugares y dar la estocada final cuando menos se piense y que para él el discurso de Abascal no es más que parte de la misma estrategia para que la sociedad mexicana se desatienda ya de este conflicto, pero es cuando mas deben poner atención “porque la guerra viene disfrazada”.
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La Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) no descubrió al EZLN en mayo de 1993, cuando los enfrentamientos de Corralchen, sino que cinco años atrás, en 1988, tenía las primeras evidencia de fuerzas guerrilleras en la Selva Lacandona, reveló el investigador del miembro del Centro de Investigaciones, Económicas y Políticas (CIEPAC), en su libro “Tras los pasos de una Guerra Inconclusa: 12 años de militarización en Chiapas”.
Esto es, tres años después de que se implantó la semilla del EZLN, el 17 de noviembre de 1985 con Fernando Yáñez, alias el comandante Germán, a la cabeza, el Ejército Mexicano descubrió las primeras campos de adiestramiento de la guerrilla en la Selva Lacandona, esto fue en la región de Las Cañadas.
Si bien no abunda en detalles al respecto Hidalgo manifiesta que de que desde los ochentas el Ejército Mexicano, al fragor de los combates entre la guerrilla y el Ejército guatemalteco, buscaba que Chiapas no fuera refugio de aquellos rebeldes para incursionar y reabastecerse.
Además recorría diversos municipios de Chiapas para rastrear presencia de grupos armadas o bien que la rebeldía de los guatemaltecos no “contaminara” a la de Chiapas donde se vivían los mismo escenarios de pobreza y marginación.
Explica que el Ejército Mexicano recorría las comunidades encalvadas en la Selva de Guadalupe Tepeyac, Gabino Vázquez, 20 de noviembre, Plan de Ayala, en el municipio de Las Margaritas; las comunidades de Quintana Roo, El Calvario y Los moyos en el municipio de Sabanilla; Las Cañadas y la Selva Lacandona de Ocosingo; las regiones de Tila, Palenque, Marqués de Comillas, Altamirano, San Andrés Larráinzar, San Cristóbal de Las Casas, Venustiano Carranza y otros.
Detalla que en todos estos lugares el Ejército llegaba e instalaba antenas rastreadoras de señala de radio comunicación o bien otros sonidos que se oyeran a disparos de armas de fuego por más lejanas que se registraran.
Además discretamente o abierta en algunos casos interrogaban a la población sobre presencia de guerrilleros, y que fue así como finalmente el 22 de mayo de 1993 dieron con una columna de guerrilleros en la Sierra de Corralchen, cerca de la comunidad El Carmen Pataté en e municipio de Ocosingo. Y que tras un saldo oficial de dos soldados y un insurgente muertos, finalmente dieron la retirada no sin antes detener a algunos lugareños de una organización indígena.
En el marco de las reuniones preparatoria de la Otra Campaña en agosto pasado, el subcomandante Marcos que en ese campamento ya se encontraban preparando el levantamiento armado de 1994 y que el Ejército así como los descubrieron se retiraron sorpresivamente.
Y que por su parte, el EZLN se replegó rumbo la comunidad de San Miguel para reorganizarse e imponer su agenda y calendario de levantamiento armado al enemigo, explica Hidalgo.
Si bien este pudo trascender a la opinión pública, es decir no se pudo ocultar por parte del gobierno federal la presencia de guerrilleros en la Selva, la primera evidencia que en realidad obtuvieron los militares y la manejaron de forma clandestina fue un campamento guerrillero cinco años atrás.
Tras un recorrido de cuatro años por la Selva para documentar la militarización y paramilitarización en Chiapas, Hidalgo descubrió algo que no trascendió a los medios.
Recopilando información con los habitantes de Taniperlas, sede ahora del municipio autónomo Ricardo Flores Magón, resaltaron que un hecho importante antes del levantamiento armado ocurrió en las inmediaciones del territorio de la comunidad San Francisco, enclavado en las Cañadas, en el municipio de Ocosingo.
“A finales de 1988 elementos del Ejército Mexicano descubrieron un campo de entrenamiento guerrillero, encontrando casquillos y árboles agujereados, con armas de alto calibre. Se trataba de un entrenamiento zapatista, pero oficialmente se silenció este hallazgo”, apunta Onésimo Hidalgo.
Dice que era tal la información con la que contaba el Ejército que cuando en 1992, los indígenas tsotsiles organizados de forma independiente inauguraron su clínica de salud en la comunidad de Oventic municipio de San Andrés, cientos de militares se movilizaron para acordar la región rastreando señales que delataran mas detalles del EZLN.
Se mantuvieron a una prudente distancia, vigilando todos los movimientos de los que entraban a Oventic, incluso filtraron agentes de inteligencia militar entre la multitud.
“Por supuesto que sabían a quien vigilaban y de quien se trataba. Lo que trataban de hacer los militares era de enterarse de todo lo que tuviera que ver con al guerrilla y mostrarse ante ellos para advertir que ya los rebeldes habían sido descubiertos”, agrega.
“Lo que trataba también el Ejército Mexicano era de ubicar la organización de la fuerza armada, su estructura organizativa, sus mandos y sus dirigentes en cada una de las regiones, el armamento que tenían y cuales eran realmente sus territorios y los despliegues sobre ellos y principalmente buscaban descubrir cuales eran los planes operativos del EZLN”, apunta Hidalgo.
Dijo que estos hechos se agregan la muerte en marzo de 1993 de dos militares, uno de la Fuerza Aérea y otro de la Policía Militar, que fueron asesinados e incinerados por indígenas en San Isidro Ocotal en el municipio de San Cristóbal de Las Casas, y que s bien el Ejército siempre creyó que fueron los rebeldes, públicamente dieron otra versión.
Indica Hidalgo que tras todas estas evidencias todavía el20 de noviembre de 1993 el Ejército Mexicano en un afán de demostración pública como nunca antes movilizó en Tuxtla y en San Cristóbal principalmente a todas sus tropas, vehículos militares y armamento de todo tipo.
“Pretendió demostrar a la guerrilla fantasma a lo que se enfrentaría en caso de que se levantaran en armas. En esa ocasión el desfile dejó se ser tradicionalmente deportivo, pues e trataba de amenazar y hacer retroceder ala guerrilla. Una guerrilla que no era tan fantasmagórica, pues ya le había causado algunas bajas y heridos”, precisa.
El EZLN hoy…
Hoy a 12 años de aquel levantamiento armado, Hidalgo dice que el gobierno federal ha entendido ya que el EZLN no esta en la lógica militar, señala el investigador del CIEPAC en la entrevista.
“Esto no quiere decir que no se puedan defender o que no tengan armas. Para el EZLN las armas son como el mecanismo de autodefensa, pero la lógica del grupo insurgente es cómo incidir en al vida política del país y lograr transformarla”, explica.
Para Hidalgo es claro si bien dijeron haber salido de algunas posiciones militares, “el Ejército Mexicano se sigue manteniendo como fuerza de contención , mantiene asegurada su presencia en la zona de influencia del EZLN. Aquí la guerra continúa por otros medios. Las causas que dieron origen al conflicto armado no están resueltas, eso es lo que está en fondo de la discusión”.
Este gobierno trabajo en la lógica de la contención la da, por ejemplo, su comisionado para la paz, Luis H. Álvarez, quien durante estos años se ha dedicado a implementar proyectos y programas para quitar bandera al EZLN, y a la vez evitando su crecimiento.
Sin embargo, agrega Hidalgo, el huracán Stan sacó a relucir la presencia zapatista en otras regiones no registradas. “Se vio que el EZLN ha crecido en regiones de la Costa y en la Sierra”.
“Hoy el EZLN ha avanzado en otras circunstancias, en otros territorios y con otros medios diferentes a la vía armada. El gobierno federal, para contener esta avanzada estableció una política de contención a través de los grupos paramilitares y su bandera de la lucha por la tierra”, concluye.
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