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domingo 27 de marzo del 2005
Migrantes mesoamericanos (I/II)
Miguel Pickard     / 

ENTRE FUEGOS CRUZADOS: LOS MIGRANTES MESOAMERICANOS EN SU TRAVESÍA HACIA EL NORTE


Introducción

La migración de seres humanos es tan antigua como la misma condición humana, pero nunca antes han sufrido los migrantes tantas vejaciones como las que hoy padecen. En Mesoamérica los migrantes están entre fuegos cruzados. En sus países de origen el actual sistema económico ha demostrado su ineficacia para crear fuentes de trabajo. Al contrario, elimina empleos más rápido de lo que los crea en el sector agropecuario, industrial y de servicios, dejando a millones de personas ante en esencia tres opciones: trabajar en el sector informal, dedicarse a actividades ilícitas o migrar.

Para muchos campesinos la situación es de una gravedad tal que migrar “se ha vuelto el sentido de la sobrevivencia, es decir no es la migración un complemento para la reproducción de la familia campesina de las zonas marginadas del país, sino el elemento definitorio de la sobrevivencia.” (1)

Si optan por buscar trabajo en otros países, los migrantes sufren en su travesía desprecio, discriminación, xenofobia, acoso, persecución, abuso verbal, físico y sexual, incluyendo la violación de mujeres y hombres, robo, extorsión, encarcelamiento, abandono, secuestro, destrucción de documentos, amputaciones y también la muerte. A veces sólo desaparecen. Como los 25,000 centroamericanos que buscaron llegar a Estados Unidos entre 1997 y 2000, y de los que nada se sabe.(2)

En el país de destino los migrantes enfrentan campañas ideológicas racistas, acusaciones de ser narcotraficantes y criminales, menoscabo de sus derechos, escamoteo de sus salarios y prestaciones, sospechas de estar infiltrados por terroristas islámicos y, desde luego, una cacería sin tregua.

Con el fenómeno migratorio el mundo está al revés: mienten los que dicen que quieren que los migrantes se queden, al igual que los que dicen que se vayan. Demagogos son los mandatarios de los países de origen cuando dicen que no quieren que sus paisanos abandonen la patria y migren. Y es falso que los países receptores no los quieran. El sistema económico está generando gigantescas olas de migrantes, verdaderos tsunamis humanos, y los gobiernos expulsores y receptores no quieren, en el fondo, hacer nada, aparte de “administrar el flujo”. No hacen nada porque hacer algo empezaría por un análisis de los factores que generan la necesidad de migrar, llevándolos a enfrentar preguntas incómodas sobre la viabilidad del actual modelo económico.

Tampoco hacen nada porque semejante flujo de seres humanos es útil para algunos intereses económicamente fuertes. La globalización corporativa necesita migrantes en números cada vez mayores,(3) pero las empresas contratantes los quieren debilitados, acosados o controlados, para que engranen en el lugar reservado para esta especial e imprescindible mano de obra en el actual sistema económico. A contrapelo de los discursos complacientes de los gobernantes de los países expulsores, lo que en realidad no se quiere son campesinos, es decir, gente arraigada a su tierra, estorbando la venta de tierras y recursos naturales, hasta ahora considerados comunales, a empresas y particulares.


México, caso destacado del fenómeno mundial

El fenómeno migratorio es mundial, fluye en general de sur a norte, con un crecimiento nunca antes visto. La Organización Internacional para la Migración calcula que hay 175 millones de migrantes hoy en el mundo, es decir personas fuera de su país de nacimiento.

De todos los flujos humanos en el mundo, posiblemente el mayor sea de mexicanos hacia Estados Unidos. El Consejo Nacional de Población estima que “al menos” 400,000 mexicanos entrarán en 2005 a EU, “el mismo promedio anual que en años anteriores”. Sin embargo un especialista de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), calcula que la cifra es más cercana a 600,000 por año.(4) Estos vienen a sumarse a los 23 millones de personas de origen mexicano (70% de los hispanos) que viven ya en EU. Además, el gobierno de Estados Unidos estima que hay unos 10 millones de personas sin documentos en su país, de los cuales unos 3.5-4 millones son mexicanos, y la cifra crece notablemente todos los años.

Hay más evidencia de que la población mexicana en EU está creciendo rápidamente. Por ejemplo, en un solo estado, Arizona, se detuvieron a 586,000 migrantes indocumentados en 2004, unos 175,000 más que el año anterior.(5) El incremento se debe en parte a un mayor número de agentes migratorios de Estados Unidos, pero no lo explica en su totalidad. La verdad es que los mexicanos, como reza el dicho en inglés, “están votando con los pies”, huyendo de una realidad económica aciaga en su país.

Otra cifra recalca la tendencia. El monto de remesas que envían los mexicanos en EU a sus comunidades bate cada año el récord del año anterior.




Año Monto en US$(6) Aumento sobre el año anterior
2000 6,633,000,000
2002 9,827,000,000 48%
2003 13,266,000,000 35%
2004 16,613,000,000 25%


La cifra de 16.6 mil millones de dólares que enviaron mexicanos en Estados Unidos en 2004 es equivalente a US$45.5 millones ¡por día! que entran a México, superando los ingresos por inversión extranjera, por el turismo e inclusive por ingresos netos de la venta de petróleo.(7)

El fenómeno migratorio mexicano no sólo se incrementa numéricamente. Cada año se ensancha y se profundiza geográficamente. Hoy los migrantes mexicanos proceden de nuevos estados expulsores, como Chiapas y Veracruz (que históricamente no lo habían sido), y se dirigen a nuevos estados receptores en Estados Unidos, como Georgia, Alabama, Tennessee y las Carolinas, que no habían visto jamás tantas caras mexicanas. En la última década hubo un “espectacular” crecimiento de mexicanos en la costa este de EU y en muchas comunidades de tal litoral ya son la minoría más numerosa. Expertos en demografía pronostican que en 10 años más, los mexicanos serán la minoría más numerosa en toda la costa este de ese país.

En Chicago los mexicanos son el 20% de la población. Es en Nueva York donde el crecimiento de mexicanos ha sido dramático en años recientes. Según estudios preparados por el ayuntamiento de Nueva York, en 1990 había 32,689 mexicanos en esa ciudad. Diez años después la cifra había crecido 275% a 122,550, pero el investigador en asuntos migratorios, Robert Smith de Barnard College, calcula que los mexicanos suman más de 300,000.(8) Aun con las cifras oficiales, los mexicanos, como grupo inmigrante, subieron del lugar 17 al quinto lugar en esa ciudad en 10 años.(9)

Más allá de los números, la fuga hacia el Norte está desgarrando a México, particularmente en el campo. La guerra declarada al campesino por el gobierno mexicano desde hace décadas ha significado que hoy el campo está sin rumbo, sin políticas de fomento y sin apoyos financieros que reviertan la tendencia. Donde sí hay apoyos gubernamentales es en zonas donde las tierras están controladas por grandes transnacionales agroalimentarias, particularmente las extranjeras en el noroeste del país.

Las políticas oficiales fomentan la emigración. Si no, ¿cómo explicar que el gobierno mexicano nunca cobró aranceles al maíz y frijol importados de EU después del inicio del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), cuando el mismo tratado permitía seguirlos cobrando hasta 2008, y así proteger al productor nacional de la competencia externa?(10) ¿A qué responde semejante decisión, sabiendo que 15 millones de mexicanos (15% de la población) dependen de la siembra de maíz y que el maíz estadunidense, vendido en México a precios de “dumping”, sólo alentaría la migración?

Más de 50 mil productores mexicanos son expulsados de sus tierras anualmente, rematando la precaria vida de miles de comunidades rurales. Según Víctor Quintana, asesor del Frente Democrático Campesino (FDC) e investigador de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, se trata de un “fenómeno de desruralización a nivel nacional” pero “no sólo es a nivel económico, sino educativo, cultural y social”.(11)

Miles de poblados rurales se han convertido en pueblos fantasmas. En estados mexicanos con mayor tradición de ir “al norte”, para los jóvenes varones la travesía es el rito que marca la llegada a la mayoría de edad. Todos se van y la mayoría no regresará jamás para habitar sus pueblos originarios y darles movimiento, vida y organización. Los que se quedan atrás, ancianos, niños y mujeres_aunque las mujeres migran hoy con frecuencia_sobreviven con las remesas que van en casi su totalidad al consumo, al mejoramiento del hogar, pero ya nadie ve el caso de usarlas para la inversión productiva o el ahorro.

En comunidades rurales la migración se ha convertido en una aspiración social, más importante que la educación.(12) Los jóvenes no ven futuro en su país y por lo mismo no aceptan seguir estudiando. Aunque saquen la secundaria y, algunos, la preparatoria, en su país no encontrarán empleo suficiente ni salario digno. Tendrán que emigrar de todas maneras a EU donde sus títulos académicos poco o nada servirán para los empleos que podrán obtener.

El desgarre en las comunidades indígenas es particularmente fuerte. La Diócesis de San Cristóbal, Chiapas, en dónde reside el 85% de indígenas del estado, ha documentado que “hay un contagio entre los jóvenes por salir”.(13) La migración ha significado para las comunidades indígenas la pérdida de costumbres, fiestas, cultura, identidad, cultivos, organización, comidas y bebidas tradicionales, desintegración familiar, aumento de drogadicción y alcoholismo, venta de tierras que antes eran comunales y la desorientación resultante de la pérdida de la religión e inclusive de la fe en el futuro. Lo que está pasando en las comunidades indígenas rurales es nada menos que un genocidio.(14)




Políticas oficiales, el culpable de tanto desastre

La intensificación de la migración de mexicanos hacia Estados Unidos se ha dado mayormente por políticas económicas fallidas en cuanto a su capacidad de generar empleo y reducir la pobreza en el país. Los incrementos más pronunciados coinciden, a grandes rasgos, con dos momentos de la vida económica del país, por un lado el comienzo de las políticas neoliberales a mediados de los 80 y, más recientemente, la entrada en vigencia del TLCAN. Este es el trasfondo que hay que tener presente en cualquier análisis de la migración y que los mandatarios se niegan a mencionar al pronunciarse sobre el tema.

En cuanto al campo específicamente, gobiernos locales y extranjeros han resuelto que, en la medida de lo posible, hay que vaciarlo de gente. El FDC de Chihuahua señala tres etapas que han provocado que “los campesinos se conviertan en una especie en extinción, no nada más geográfica sino culturalmente”.(15) En la primera etapa, situada entre 1982 y 1988, los precios de garantía (antes apuntalados por el gobierno) se fueron por los suelos y los insumos se elevaron al cielo. La segunda etapa de la ofensiva empezó a finales de 1988 con el retiro del crédito rural y la profundización de la apertura comercial. El tercer “gran golpe” fueron los cambios a la Ley Federal de la Reforma Agraria, la entrada en vigor del TLCAN y la desaparición de Conasupo (comercializadora estatal de granos básicos).

Cada etapa ha tenido como resultado, literalmente, el destierro de campesinos. Como en muchos estados de la República, en Chihuahua las políticas están logrando su cometido, pues en los municipios rurales ha habido una caída de población del 20% en 10 años. Algunos campesinos, antes productores independientes, se ven obligados a vender sus tierras a las agroexportadoras por deudas o pobreza, y a veces se vuelven empleados de las mismas empresas. Víctor Suárez, asesor de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras del Campo lo sintetiza así:

Las acciones gubernamentales, impuestas por las élites norteñas y agroempresariales que tienen su visión e interés en el modelo estadunidense, favorecen las asimetrías regionales internas, la exclusión, las desigualdades que mantienen con programas asistencialistas, muy lejanos de la inversión productiva, y al parecer con la intención de mantener una población manipulable, laxa, débil.(16)

Unos 3.4 millones de campesino ambulan por el país con la esperanza de emplearse en agroempresas.(17) Otros buscarán su suerte en las ciudades del país, posiblemente en las maquiladoras de la franja fronteriza del norte. En el mejor momento para las maquiladoras en términos de la creación de empleos, en 2001 tenían una fuerza laboral de un millón 300 mil personas. Sin embargo algunos analistas piensan que su mejor época ya pasó a la historia para siempre, pues la República Popular de China ya puso en jaque la “ventaja competitiva” que los dueños de las maquiladoras pensaron que nunca se les acabaría, es decir, el bajo costo de la mano de obra mexicana.(18)

Dentro del país, las alternativas para los desempleados del campo escasean. Las políticas neoliberales han hecho similares estragos en el resto de la economía. Ni la industria, ni los servicios han sido capaces de “absorber” a los campesinos desplazados de su oficio tradicional. Al contrario, desde hace varios lustros estos sectores han arrojado millones de desempleados a la calle, a defenderse en la economía informal (la cual permite sobrevivir al 33% de los empleados en el ámbito urbano) o, cada vez más, a unir su suerte a la de los campesinos en busca de empleo en el Norte del continente. De hecho el perfil de los migrantes no es el de la población más pobre y marginada del país, sino de personas con una mayor nivel educativo que el promedio nacional.(19)

Ya ni qué. A migrar.
Los mexicanos que deciden poner pies en polvorosa e irse “pa’l norte” tendrán un vía crucis que enfrentar, el de cruzar la frontera norte. Los centroamericanos que deciden lo mismo_en general salvadoreños, hondureños y guatemaltecos_enfrentarán ese mismo reto, más otro peor...atravesar México.

Los indocumentados centroamericanos son presa fácil de quien los quiera agredir.(20) En primer lugar están las distintas autoridades mexicanas, sean policiacas, migratorias, judiciales, aduanales, sean éstas federales, estatales o municipales y, para rematar, también están el ejército y la marina. Sufren asimismo el acoso de los maras, integrados por jóvenes centroamericanos o mexicanos, o las pandillas de las inmediaciones de la estación ferroviaria Lechería en la ciudad de México, la estación de carga más importante del país. Los centroamericanos, exhaustos, hambrientos, sedientos y a menudo enfermos tras días de viajar colgados de los estribos de los vagones, procedentes de la frontera sur, tendrán que transbordar en Lechería a otro tren que los lleve al norte. En el transbordo muchos no escaparán ser esquilmados por las bandas delictivas de la zona.

El tren de la ruta Chiapas-Mayab que miles de centroamericanos toman (algunos estiman 5,000 al mes),(21) en la frontera sur para llegar a Lechería es “la bestia” para ellos, pues engulle y escupe pedazos de su humanidad. Muchos mueren destrozados bajo sus ruedas al tratar de abordar el tren en movimiento. Cada mes, siete u ocho sobrevivientes de la caída, pero mutilados por el cercenamiento de algún miembro, llegan a un hospital regional en Tapachula. En Tapachula son tantos los lisiados centroamericanos que una alma caritativa, doña Olga Sánchez Martínez, con los escasos recursos de su albergue, les ofrece tortilla y techo y la posibilidad de reconstruir su vida, gestionando acaso una prótesis.

Ya de por sí arriesgada por el hecho de atravesar otro país sin documentos, a partir del 11 de septiembre, 2001 la travesía de centroamericanos por México se ha vuelto más azarosa por el Plan Sur.(22) Instrumentado por México, probablemente a solicitud del gobierno estadunidense, el Plan Sur se diseñó para controlar el flujo de migrantes centro y sudamericanos (y el tráfico de armas y drogas), aprovechando el “cuello de botella” formado por el estrecho Istmo de Tehuantepec. Así, la frontera sur se militarizó con el incremento de efectivos militares, de fuerzas policíacas y migratorias y del destacamento de grupos de élite. Al arrancar el programa en 2001, Felipe Jesús Preciado Coronado, entonces el comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM) dijo que el Plan consistía en

tener ahí a nuestros mejores operadores, a nuestros mejores elementos. Se trata de una estrategia de mucha coordinación con los demás elementos de las corporaciones en todo el sur, principalmente aprovechando las condiciones geográficas del Istmo_una franja de terreno bastante accesible que podemos cuidar muy bien--, ya que por ahí van a pasar todos, los que se nos hayan pelado por allá abajo en la frontera, finalmente van a pasar por ahí.(23)

Tales declaraciones delataban un optimismo oficial inmerecido. Más transparente resultó ser la sucesora de Preciado Coronado, la comisionada del INM Magdalena Carral, cuando declaró al periódico inglés The Observer, “sabemos que no la podemos detener [la migración centroamericana], sabemos que no la podemos controlar. Lo que hacemos es tratar de administrarla.”(24)

Sin duda los migrantes centroamericanos sufren los mayores ultrajes en manos de las autoridades mexicanas. Gabriela Rodríguez Pizarro, Relatora Especial sobre los Derechos Humanos de los Migrantes de la ONU dice que “en México existe un clima generalizado de hostigamiento y aprovechamiento de la vulnerabilidad del migrante”.(25) Menos diplomático en su lenguaje es el padre Ademar Barilli, director de la Casa del Migrante en Tecún Umán, pueblo fronterizo de Guatemala, punto de partida para la mayoría de los migrantes centroamericanos. México está en riesgo de ser enemigo de toda Centroamérica, afirma Barilli, “por hacer el trabajo para Estados Unidos” y por los abusos cometidos por los oficiales mexicanos a los centroamericanos.(26)




Chiapas, nuevo estado expulsor

La mayoría de centroamericanos empieza la travesía por México en el estado de Chiapas, donde también hay otra diáspora en marcha. Chiapas se ha convertido en poco tiempo en uno de los estados de más expulsión de población.

No es difícil encontrar las razones de la fuga. Fuentes oficiales calculan que casi el 76% de la población ocupada trata de sobrevivir con hasta dos salarios mínimos (ocho dólares al día o menos).(27) Pero ingresos exiguos no lo explican todo. La explosión migratoria chiapaneca empezó tras las lluvias torrenciales que se abatieron sobre el estado en 1998, destruyendo 400 mil hectáreas de cultivos, dejando 500,000 sin hogar y provocando la muerte a 400 personas. Fue un ingrediente más en el caldo de cultivo, ya sazonado por el desplome del precio del café a nivel internacional desde 1989 (el mayor producto de exportación del estado), la entrada de toneladas de maíz transgénico a precios de “dumping” desde 1994, la crisis del sector azucarero, más la caída de la inversión pública para el fomento rural en un 83% desde 1981.(28) Anteriormente la mayor presión era tal vez la demográfica, pero tenía su válvula de escape en la migración de chiapanecos hacia la Selva Lacandona. Hoy esa “última frontera” no existe.

El número de chiapanecos que emigran hacia EU podría ser unos 30,000 al año, de una población estatal de cuatro millones.(29) Calculan académicos que en menos de 10 años, unos 300,000 chiapanecos se han asentado en EU, 65% de ellos campesinos e indígenas. Daniel Villafuerte de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas señala:

Los campesinos e indígenas chiapanecos están cambiando con rapidez la cosecha del maíz, principal producto de consumo familiar, por la cosecha del dólar en Estados Unidos, al grado de que, en muy poco tiempo, Chiapas está ganando en captación de remesas a estados tradicional e históricamente expulsores de migrantes, como Zacatecas.(30)

Las cifras oficiales de remesas de chiapanecos en EU son impresionantes, calculadas para 2004 en 500 millones de dólares o, como dice Villafuerte, equivalentes “a toda la cosecha de maíz_principal generador de valor en el estado_, además de la producción de frijol, plátano y mango”.(31)

Pero no sólo se van los chiapanecos. Van y vienen constantemente. Por eso hay 380 “agencias de viaje” en 20 municipios de Chiapas, 136 tan sólo en el municipio de Frontera Comalapa, de 54,000 habitantes.(32) Estas agencias improvisadas únicamente expenden boletos de autobús hacia y desde la frontera con EU. “Cuando llegamos a esta zona hace ocho años_recuerda Alejandro García de la organización campesina Hermano Sol del municipio de Escuintla (población 29,000)_salía al norte sólo un camión al mes. Hoy hay 30 al mes”.(33)

La frontera norte

En 1994 entró en vigencia el TLCAN, una de las razones más importantes del desplome de precios en el sector agrícola mexicano y su resultado lógico...un abrupto incremento en la emigración. Pero también es el año en que EEUU empezó a reforzar su frontera con México. Lejos de tratarse de una coincidencia, también es el resultado lógico de estudios que se hicieron años antes, de ambos lados de la frontera, que apuntaban a que el TLCAN no beneficiaría en absoluto a grandes sectores de la población mexicana y que el desplazamiento sería el resultado.(34)

En 1994 empieza del lado estadunidense una letanía de “operaciones” para “sellar” la frontera, mediante el incremento del presupuesto para la patrulla fronteriza, la contratación de más agentes, el uso de vehículos blindados, perros, balas de goma, atomizadores de pimienta, aviones, helicópteros, aeronaves ligeros de control remoto, instrumentos sofisticados para la detección nocturna, la construcción de muros, torres portátiles de alumbramiento, cámaras de video de alta definición, sensores de calor y, eventualmente, balas de “punta hueca” que explotan al hacer contacto con el cuerpo y provocan “daño severo a órganos internos.”(35) Son hoy 11,000 agentes de la patrulla fronteriza que vigilan los tres mil kilómetros que separan los dos países. El presupuesto para todo ello refleja dos fenómenos. Por un lado el objetivo incremento del número de migrantes que intentan cruzar la línea, por otro, la “amenaza” subjetiva de un nuevo ataque del exterior que sienten los estadunidenses tras el 11 de septiembre.

En todo caso dinero para resguardar la frontera no falta. Desde 1994 EU ha gastado 20 mil millones de dólares para “fortalecer” sus fronteras. Hubo US$3 mil millones para la seguridad fronteriza en Estados Unidos en 2003, que en 2005 subirá a más del doble, unos US$6.2 mil millones de dólares. No obstante el derroche de recursos y modernidad de medios, no hay evidencia de que el refuerzo fronterizo haya reducido la migración no autorizada hacia ese país.

Eso sí, el migrar a EU se ha vuelto mucho más difícil. Diseñadas por el Centro de Conflictos de Baja Intensidad del Pentágono,(36) las “operaciones” especiales de sellamiento fronterizo (Guardián, Mantenga la Línea, Encrucijada, Bloqueo, Salvaguardia, Río Grande, Vanguardia, Control Desértico y otras), han tenido éxito al dificultar en extremo el paso de migrantes por las rutas anteriormente más concurridas. Pero no han detenido el flujo, sólo lo ha desplazado hacia áreas más peligrosas, por ejemplo a los desiertos de Arizona o las montañas al oeste de Mexicali-Caléxico. Las organizaciones de derechos humanos de ambos lados de la frontera registran, en los 10 años de vigencia de TLCAN, 4,000 muertes (de las que se conocen) de migrantes que perecieron al intentar cruzar la frontera, la mayoría en terreno inhóspitos.(37) Pero la política de obstrucción se ha frustrado porque para muchos migrantes no hay mejor opción. La mayoría enfrenta la disyuntiva de morir lentamente en casa o morir con la ilusión de cambiar su situación personal o familiar.



   

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